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qtarantino's Avatarqtarantino
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04-02-2011 01:07 PMReport
jullet2u's Avatar

julletgeorge@yahoo.ca
I am very understanding,open minded with a heart of forgiving, loving and caring with sense of humor, hard working with cheerful character,honest,sincere,kind, warm and intelligent with good look as sportsgirl,affairs,People can't believe it when they see my photograph because I look like my mum,I like runing on staudays,I was raised with a strike Christian background and taught from a young age to always respect myself and other people here is email address.
(julletgeorge@yahoo.ca)you can contact me for a serious relationship.
Juliet.
02-19-2011 03:25 PMReport
kate4love's Avatar



  Hello Dear,

i am Kate,single never married, tall slim,and fair,that loves sightseeing and reading,i viewed your profile and got interested in knowing you more for important discussion,could you please reply to me via my mail address (kate_karmah10@yahoo.com) so that we will know each other very well.i will send my photo later.

Thanks,

(kate_karmah10@yahoo.com)
09-30-2006 06:15 AMReport
sickboy's Avatar

Hey, qtarantino. Do you like Social Distortion? GREAT band. Big Grin
09-10-2006 03:19 PMReport
VerostaR's Avatar



Quoting qtarantino:


hoy me conecté un poco tarde.
Saludetes Muchachita.

See! mucha joda por ahí! lalalala xD


Beso!
09-09-2006 07:33 AMReport
VerostaR's Avatar

Completarse es bueno!!Allecto is Cool!
 


 


 
08-31-2006 07:51 PMReport
romias' Avatar

Tocayo... meta algo de info... no cuesta nahh... es gratis!!
08-02-2006 05:08 AMReport
Ph34r's Avatar

Spruce up your Profile man, It'l be so cool!
07-31-2006 02:52 AMReport
airb's Avatar

Qt! Que placer verte por aca!
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IO - This Time Around - Helen Stellar

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Published On: 09-09-2006 08:01 AM
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 Apenas se fue, nosotros llegamos con flores recién arrancadas. Apenas ella llegó, nosotros nos fuimos como flores recién cortadas del jardín. Un año después le dejaron un poema junto al portero eléctrico.

Un año después estaba muerta. Tanto como lo está ahora, un año antes de que fuese un año más tarde.

El reloj de arena jugaba con nosotros, el tiempo corría y como granos bastardos nos deslizábamos perdidos. Sin ella.

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Published On: 09-09-2006 07:56 AM
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Bien, uno siempre tiene la maldita costumbre de
prepararse para todo. Pero ojo, que ahí viene la cachetada.

Es cursi escribir sobre el amor, es cursi decir “te amo” en una carta o en un
poema. Es cursi regalar una flor en el momento preciso.

 Muéranse.

Es cursi vivir amargado y sin haber vivido al menos una vez.

Odio que seas tan pacato, tu creencia de destellos de
un aura que no tenés. Te odio por creer que sos especial, cuando es mas
interesante ver esos pescados muertos  en la zanja. Detesto tus falsas
caretas místicas. Odio tu aparente fuerza para afrontar los obstáculos de la
vida. Cuando lo mejor es asumir la fragilidad, y sacar fuerza de la adversidad.
Odio que me mires así, con indiferencia.

Me da nauseas tu mirada, tu vacío mental, tu permanente
olvido del mundo, tu falta de cooperación.

Odio tu vida en soledad y tu falta de energías para afrontar cada día.

 Odio todas esas cosas.
Pero principalmente, odio ese espejo.
Que me devuelve una
imagen que es mía, y de nadie más


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Published On: 09-09-2006 07:54 AM
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Supo que desde aquel día no la iba a ver más.

Después de tanto tiempo disfrutando de sus ojos, de sus sonrisas, supo
que iba a permanecer durante una eternidad, estando en sus sentidos, pero no
podría volver a verla. El destino lo había querido así,
por fin la tenia en sus manos, y sus ojos ya no podrían contar con su
presencia.

Un día vio su foto en una revista y averiguo los lugares que frecuentaba.
Ya en sus ojos se comenzaba a sentir el malestar que posteriormente derivaría
en el dolor que l marginaría de la belleza que tendría, pero no
podría disfrutar. Si al menos ella se hubiera ido, pero no, no había
otra alternativa para las decisiones del incierto futuro, personificado en quien
sabe que designio.



La siguió a sol y sombra. La observó desde lejos, desde cerca,
en cuanto lugar su cara asomase el estaba ahí, atento a cada signo de
vitalidad, a cada atisbo de deslumbre. Pero ahora lo lamentaba mucho, y sintió
las lágrimas caer hasta su regazo y fueron de ella y fueron de él.
¿Hasta cuando seguiría con esto? El amor no tiene respuestas,
ni para los pecadores, y el no buscaba ni eso, ni mucho menos. Él deseaba
observarla, vestida en sus colores celestiales, con sus ojos perdidos en algún
punto, y sin emitir expresión alguna, más que algún dolor
repentino. La había secuestrado, y ahora lo estaban buscando.



Su obsesión rozaba la locura. Repetía su nombre al levantarse,
antes de dormir, soñaba con ella. Todo ese cúmulo de sensaciones
lo llevó a salir corriendo una noche de invierno a secuestrarla, para
conservarla, para que nadie más la mire ni la adore, como él lo
hacia. Como solamente él lo hacia.

Fue una noche que el calendario aseguraba que el día que ocupaba ese
miércoles era un 13 de julio, eran las 4 de la mañana y se secó
las lagrimas disfrutando por primera vez la soledad de ambos, en un sótano
de una casa desconocida por muchos, sino por todos.



Esa noche se la llevó para siempre, y nadie más la encontró.
Cada centímetro de ella le pertenecía, pero irónicamente
no podía disfrutar de su belleza. Esa noche perdió la vista, o
lo poco que quedaba de ella, y no la pudo ver más. Lloró lagrimas
saladas de tristeza y alegría, acariciándola, repitiendo su nombre,
una y otra vez.



Al otro día la noticia recorrió la ciudad de punta a punta, y
todo el mundo se enteró que en la capilla local, alguien había
robado la figura de la Virgen María. Las señoras comentaron por
lo bajo, los señores sobre la mesa de café y alguna que otra supersticiosa
se hizo la señal de la cruz. Aunque a muchos no les importó.



El domingo siguiente el padre dio la misa de memoria, simulando que leía,
ya que no quería que la gente se enterase que había perdido la
vista por completo, por que podían obligarlo a abandonar la capilla.

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Published On: 09-09-2006 07:19 AM
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        Llegar al aeropuerto
Fiumiccino, o algo así, en Roma, fue una bendición. Hay vuelos para todos los gustos y
clases, pero a mi, la verdad, los vuelos me inflan un poco el tren de aterrizaje. Lo peor
de estos viajes es el maldito cambio de horario... como si fuera poco el traqueteo del
sube y baja, hay que bancarse que a unos tipos se les haya ocurrido poner el reloj de una
forma distinta en cada tierra patria.



        Ya estoy en la bota, y el
aire sigue siendo el mismo. Un atardecer recorta figuras a lo lejos. Edificios, un puente
o algo así. Un taxi se ofrece a llevarme por 15 dólares hasta donde sea. Lo miró bien
y... el taxista es italiano. Eso quiere decir que no estoy en Nueva York donde ningún
taxista parece saber hablar inglés como lengua materna.



        Alguien me dijo, una
maldición china es "vivir una vida interesante" y aquí estoy, en alguna vía
di la Roma, esperando que alguna loba me reciba y me dé teta. Como para saber que cazzo
sentían Rómulo y Remo en su pequeña leyenda un poco degenerada.



        ¿Hace cuanto me fui de
Argentina? Ni me acuerdo, pero como siga así no me voy a volver. El taxista toma por una
calle que es igual a las demás, las desconozco tanto como a las otras, ya que es la
primera vez que veo esta ciudad por otra cosa que no sean fotos de amigos o de revistas.
Películas no, por que odio el cine italiano. De alguna manera el taxista entendió que
estaba buscando un hotel y me llevó hacia él. Hotel "Rodizzio" decía un
cartel luminoso de buen gusto. A unos metros más allá, un restaurante abre sus puertas y
en la esquina una señal indica el camino hacia Piazza Spagna. Al fin y al cabo no es tan
difícil entender el italiano. Con un poco de esfuerzo se puede agarrar dos o tres frases
seguidas que te hacen posible no perder el hilo de lo que te están diciendo.



        Habitación 107. Vista a la
calle y cortinas de una tela bastante fina. El baño decorado con azulejos color crema
completan la habitación que no esta tan mal por unos pocos billetes la noche. Después de
una ducha no tardo en dormirme durante unas pocas horas. Despierto sobresaltado creyendo
estar en otro lugar. Esto de cambiar constantemente de habitaciones es bastante trágico
por momentos. Pido un servicio de habitación. Minutos después, golpean la puerta y entra
alguien que ya conozco. Pero con aspecto de taxista. Me saluda amablemente y entiendo en
un segundo por que me trajo a este hotel. Monopolio del turismo que le dicen. Entre la
bandeja y la bebida, desliza una tarjeta que a simple vista parece una invitación a un
boliche bailable. Colores fluos y cuerpos en movimiento junto a una dirección y una hora
lo señalan así. Seguramente seguirá formando parte de la misma estrategia de
monopolizar a los turistas. ¿Dónde lo encontraré la próxima vez? ¿Bailando sobre un
parlante semidesnudo? O quizás sea el disc jockey del lugar y me sorprenda nuevamente. El
tano me dice algo como que con un laburo no alcanza para mantener los diez hijos que trajo
al mundo, pero que así se siente bien. Al menos los puede educar y les puede dar de
comer.



        Comer en la habitación
del hotel no está nada mal. La ventana ofrece una buena vista de una calle bastante
poblada, donde unos cuantos turistas van sacando fotos de todo lo que esta quieto,
y hablan en varios idiomas que ni puedo identificar cuales son. En la televisión
pasan una película de Clint Eastwood hablada en italiano. No sé si estaba preparado
para degustar semejante combinación de personas y lenguaje, pero ahí está. Los
diálogos son bastante previsibles, por lo que no es necesario seguirlos para
saber lo que va a pasar. En esa escena, cuando lo revienta al tipo con una escopeta,
suena igual en castellano, en inglés o en italiano. Eso si es globalización.
ROMAfinal2.JPG (45374 bytes)



        ¿Qué hacer una noche en
Italia? Una de dos, seguir durmiendo o tomar la tarjeta que el taxista - mucamo dejo y
partir hacia la dimensión desconocida. Total, no tengo nada que perder a esta altura del
partido.



        El boliche tiene el original
nombre de "Millenium". Se nota que a la hora de poner nombres las ideas fluyen a
raudales pero siempre caemos en lo mismo. El ambiente dentro no es el mejor pero hasta
esas cosas pueden llegar a ser divertidas. Solo es cuestión de saber entretenerse con
poco.



        En la barra no hay cerveza
de ningún tipo. Corrijo, tal vez sea divertido. Entre señas y palabras italoespañolas
le indico al barman que me prepare el trago de la casa. Luigi, un musculoso de 26 años
con cara de "contame-tu-fracaso-decime-tu-condena-pero-no-me-importa" prepara en
cinco o seis pasos una mezcla de alcoholes que no llego a ver. Y vuelve con un vaso lleno
de un liquido poco transparente y de color marrón. Pienso que suave no debe ser, pero ya
no tengo mucho que perder... y no hay nada, nada que me impida tomarme ese vaso entero. No
tengo aquella mujer al lado, a la que le dije no en el altar, para que me diga: "No
tomes tanto que te va a hacer mal..." si ella supiera que yo sé que ella tuvo más
noches que yo arruinada por el alcohol no hablaría ... pero nunca se lo dije.



        Música de fondo, un dance
lofi aturde la masa y yo estoy desconectado, nada me afecta. Me devuelve al mundo una mano
en la espalda. Entre caricia y "date-vuelta-que-te-estoy-llamando". La fauna
típica del lugar analiza las presas disponibles. Una morocha, creo yo de carácter
típico del lugar, de ojos claros mira sonriendo. De algún lado la conozco. Sacale la
pintura, ponele un vestido menos espantoso y... el mundo es demasiado chico. Amiga de
Florencia. ¿Más referencias? Se fue un mes antes de que planeáramos decir un si frente
al cura. Y aquí estoy... "Hola" dice ella. Y me doy cuenta que lo menos que
quería era encontrarme con un argentino acá. O con una argentina, para el caso es lo
mismo. "¿Qué andas haciendo por acá? ¿Flor esta con vos? ¿Están de luna de
miel?" Si, pienso, de luna de miel podrida y llena de hongos. Y le digo que estoy en
un viaje de negocios, que Flor se quedó en Buenos Aires. "¿Cómo fue el
casamiento?" pregunta. Y no tengo ganas de complicar más las cosas. Bárbaro, le
digo. Salió como queríamos. Estamos tan felices, no veo la hora de volverme a casa.
"¿Y tus suegros? ¿qué tal?" Bien, pienso, bien muertos espero. También, muy
contentos, por suerte nos ayudaron mucho y yo estoy acá gracias a mi suegro, este viaje
debo agradecerselo a él. "¿Dónde estas parando?" El dilema en este punto
era... ¿decirle o no decirle? Y me pareció que me importaba un carajo. Hotel Rodizzio,
habitación 107. "No te puedo creer, yo estoy en la 106" Uy, que emocionante
pensé. "Nos vemos después" dice ella y se va con su trago, perdiéndose en
alguna pista de trance horrible.



        Más tarde. Todo me va
llevando hacia el lugar que quiero. La vereda al hall del hotel, el ascensor a mi piso, y
el pasillo a mi puerta, y de ahí, a la cama. En ese momento en que el sueño comienza a
rodear el cuerpo y sentís pero no sentís. Alguien toca la puerta. Pregunto quien es. Y
dicen, del otro lado, Julieta. ¿Julieta quien? Pregunto al aire. "Julieta la amiga
de Florencia". Tropezando con todo lo posible en mi camino me levanto y abro la
puerta. Ahí esta ella, con el mismo vestido espantoso mirando como quien esta a punto de
ponerle la manzana en la boca al lechón. Con baba incluida. "Puedo pasar". Le
digo si puedo decirle que no, y ella niega con la cabeza. Ahí me doy cuenta que la
Academia de Trolas y Atorrantas de Belgrano esta funcionando bastante bien, al menos saca
buenas alumnas. ¿Qué promoción sos? Le preguntó. Y ella no entiende nada.
"¿Qué?" me dice. Y le digo que no me haga caso. En uno de esos momentos en que
el sueño vuelve con ganas y los sentidos se atontan. Ella con su estilo de gata, se
acerca y apoya sus labios en mi boca. Con una sensualidad un poco estúpida, casi torpe
diría. A pesar de eso, quería dejarme llevar, y puse mi mente en blanco. Me empuja a la
cama y se desliza sobre mi, suavemente. Hasta que yo abro la boca.



    -No me casé nada con Florencia.



    -"¿Cómo?"- dice ella.



    -Si, no me casé nada con ella. Le dije que no en el
altar.



    Ella se muestra bastante alterada de un momento a
otro. Como típica histérica.



    -"Me voy"- Se levanta y comienza a caminar
hacia la puerta.



    -¿Dónde vas?-. Le digo mientras me incorporo sobre
la cama recién armada.



        Ella entre gritos me
escupió: -"Sos un hijo de puta, ¿cómo le vas a decir a mi amiga que no en el
altar?, ¿Cómo pudiste hacerle algo así a Flor que es mi mejor amiga? Me voy por que
esto no tiene ningún sentido"-. Cerró la puerta con fuerza y me dejó a media luz,
como estaba antes, como debía estar en todo momento. En realidad, vos no tenés ningún
sentido, loca. Pensé y creo que fue lo ultimo que tuve en la cabeza. Diez minutos
después estaba durmiendo.



        Al otro día pensaba
cambiarme de hotel para poder disfrutar de los días que me quedaban en Roma y conocer el
famoso Coliseo.




El mundo es un pañuelo



        Amanecí en compás de
espera. Creo que eran cerca de las diez y cuarto cuando sonó el teléfono. Atendí sin
muchas ganas. Por un momento pensé que era la Julieta, la incomprensible Julieta que
volvía a querer hincharme las pelotas con otro de sus razonamientos estúpidos pero no,
por suerte no era ella. Mas tarde me enteré que ella había dejado el hotel con rumbo
desconocido pero del brazo de un campeón de box peso completo.



        El del teléfono era Luigi,
mi barman preferido. Cuando me dice que habla de parte de su padre invitándome a cenar en
su casa ya-no voy-entendiendo-nada. Entonces, el laberinto se va cerrando sobre si mismo y
las cosas van cobrando sentido. Luigi me cuenta que su padre es taxista y trabaja en el
mismo hotel en que me alojo.



        Esto ya se va pareciendo
cada vez mas a una conspiración de la mafia italiana onda clase B que quiere pasearme a
toda costa por Roma, cobrándome un boleto de bajo costo... y yo que pensaba sentirme más
desconocido que nunca...



        Luego de varios intentos,
pude anotar la dirección de la casa de Giancarlo, el ahora taxista con   
nombre. Via Garibaldi 367. Esto fue algo inútil, ya que alguien con más de dos dedos de
frente adivinaría en que fui a comer a esa casa. En diez minutos, Giancarlo me pasó a
buscar en su taxi y me saludo con un "Ciao, bambino andiamo pronto" que apenas
pude escuchar gracias a los coches que iban y venían. En el camino me contó que había
pensado en invitarme gracias a que uno de sus hijos había conocido hace algunos días a
otra chica argentina, de esas que suelen venir solas, de viaje... y entre nos, en busca de
algún safari por estas tierras. Me contó que su familia no era de invitar extraños pero
que le había caído simpatico, así que no era cuestión de rechazar una cena que
incluyera alguna comida típica de este país y quedar mal ante esta buena gente. Ademas
todo perfilaba ya de manera muy extraña y me atraía lo desconocido. En el aire podia
intuirse el aroma de la aventura.




Mi plato preferido en Italia




        La casa de Giancarlo era
modesta pero confortable, el taxi quedó estacionado junto a un Fiat Gamma que en la
Argentina no existe, debajo de un árbol que crece de la misma forma que en nuestras
pampas, con las raíces en el suelo y de copa para arriba.



        Al entrar me recibe una
señora mayor, que enseguida se identifica como la señora Taddeucci, esposa de Giancarlo,
y me otorga el titulo de hijo sin que moviera un pelo ni dijera nada. Ya me siento como de
la familia. Me acomodo en un sillón frente a un televisor que grita palabras en tano, un
conductor falsete regala premios y el público aplaude. Me doy cuenta que siempre habrá
cosas que no cambian sin importar el lugar. Comienza el desfile, los primeros nombres los
retengo, pero al tercero ya estoy perdido. Pier Paolo, Francesco, Roberta, son los
primeros hijos en presentarse. El cuarto nombre ni lo escuche, para el quinto estaba
atento mirando la secretaria del conductor falsete y su escote, el sexto me pisó el pie,
el séptimo saludo de lejos y el octavo me miró raro por que estaba sentado en su sillón
preferido, me explicó más tarde Giancarlo. Me duele la cabeza. Es el esfuerzo para
comprender todo lo que dicen, es pensar las frases que escucho una y mil veces. Y es
hablar claro y pausado, esperando a que el jefe de familia le traduzca a las caras de
no-entender-nada-de-lo-que-digo de sus hijos.



        Cerca de las diez, se abre
la puerta de calle y alguien entra. Se escuchan voces y risas, voces que no entiendo y
risas de qué se ríen. El padre dice algo así como "ahí llegaron los bandidos que
faltaban" y se de quien habla. Luigi y su hermano, y completamos la decena. Ahora
abramos el álbum de fotos. Primera Foto: una mesa servida a punto de comer, un matrimonio
con ocho hijos, un invitado. Y fuera de cuadro dos personas más que vienen entrando.
Segunda Foto: La misma mesa, el mismo par de esposos, los mismos hijos, el mismo invitado
y un par de hijos más que entran al cuadro. Tercera Foto: Misma situación, entran los
hijos, Luigi el barman que enseguida me reconoce y el campeón de boxeo del que me había
hablado uno de los botones, valga la redundancia, del hotel. Ambos se hacen a un lado y...
FLASH. Julieta, la amiga atorranta de Florencia. Ella avanza y se acomoda el pelo, sonríe
hasta que me ve. FLASH. Hago que no la conozco, le muestro mi mejor cara de distraído y
le pido la sal a Pier Paolo que esta sentado junto a mi. FLASH. Nos presentan, yo la
saludo como quien saluda a un compañero de trabajo de otra oficina, ni con disgusto ni
con placer. Dando lo menos posible de mi aunque es inevitable reír a gritos por dentro.



        La cena fue agradable y
pocas veces la mire a Julieta a los ojos, expresando mi verdadero deseo de no verle nunca
más la cara. Ni acá, ni en el mundo. Ella estaba muy contenta con su campeón de boxeo y
yo le doy mi pésame en pensamientos a él por el equipaje que tiene que llevar hasta que
ella se canse y salga a buscar alguna otra presa.



        Agradecí la cena y le pedí
a Giancarlo que me lleve de vuelta, y no tuvo que insistirme mucho para que me quedara en
el hotel, al fin y al cabo ella ya no ocupaba más la 106. Antes de bajar del taxi, me
sugirió que si quería quedarme, el podría conseguirme un trabajo de taxista. Solamente
necesitaría sacar el carnet de conducir y, al comienzo, un buen mapa para no perderme. Me
contó que la paga no era mucha pero que las propinas solían ser generosas además, el
sindicato organizaba todos los sábados una ronda de tallarines en el ristorante mas caro
de la ciudad. Le dije que no, que Roma no es una ciudad para mi. Para cualquier otro si,
menos para mi. Le sugerí que en algún momento le mandaría algún amigo carente de
esperanzas en el MERCOSUR, y que mi viaje por estos lados ya había concluido.



        Me fui con la sensación de
que esta es una ciudad extraña. No todos los caminos conducen a Roma. Algunos te llevan a
Giancarlo y su familia.

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Published On: 09-09-2006 07:17 AM
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El avión aterrizó lentamente en tierras
aztecas. Tan suave como si fuese una pluma posándose en el suelo, meciéndose al compás
de la brisa caribeña. Era el mediodía de un verano furioso y torrentoso. Las primeras
postales mexicanas no tardarían en aparecer.




        Ni bien ingresé a la recepción del aeropuerto
pensé que esto no era como en las películas de la isla de la fantasía donde a uno lo
recibían con flores y nativas danzando ula-ulas pero tampoco estaba tan mal como para
empezar con reproches cinematográficos. Supuse que siempre podría ser peor y entonces
emergieron las palabras de Tu Sam : "Puede fallar".




        Acapulco no es un lugar como cualquier otro. A
primera vista es como otra de esas playas concurridas que vive del recuerdo de sus viejas
épocas de esplandor pero enseguida uno se da cuenta que lo mejor está y sigue estando
como siempre en sus cielos de armoniosa elegancia.




        Después de un breve recorrido de rutina para
ir conociendo las calles y avenidas atestadas de turistas centroamericanos, di con el
hotel. Allí empecé a trazar lo que será mi primer día bajo el cielo de Acapulco.




        Estaba tan decidido a abandonarme a la eficaz
marea de los recuerdos como para empezar a olvidar tantos malos momentos del pasado que ni
siquiera Ingrid, la hermosa alemana de la habitación de al lado podría hacerme cambiar
de parecer aunque con suerte por el atardecer podría llegar a hacerle alguna visita de
cortesía. No por nada dicen que un clavo solo se saca con otro clavo. O un amor con otro
amor.




        Y precisamente, en pocas horas ya sentía que
empezaba a enamorarme. De quien?, del cielo de Acapulco por supuesto.




        Entre olvidos, certezas y franquezas se me
hicieron las siete de la tarde en la frondosa terraza del Holiday Inn que decididamente
dejaba ver el lento atardecer. Puesta de sol. Bjork en el estereo como soundtrack de un
capitulo novedoso donde dos surfer se enarbolan como mástiles entre las profundas olas.
Siete y cuarto, It so quiet, mas luego Cover Me. Cócteles amarillos y un naranja furioso
en la piscina. Las horas ya no importan nada, ni siquiera el viento puede hamacarlas pero
pasan siguiendo su camino hacia la nada. A las ocho menos diez todo había quedado en
silencio, salvo el viento que silbaba en mi vista insistiendo en el recuerdo patagónico.



 



Es que el cielo de
Acapulco es así.



El cielo de
cualquier parte no tiene el ritmo de tus ojos.



El cielo de Acapulco
no es así.



Así como te veo
bajo este cielo de Acapulco.




        Entre las ocho y las nueve, una sesión de Porn
Funken con Ingrid que empezaba a animar el principio de las estrellas y en la piscina Beck
Hansen dibujaba extrañas figuras acrobáticas en el fondo del agua. Y el tiempo
desvaneciéndose en un retrato de Salvador, el poeta Dalí.




        Ya de noche, el cielo de Acapulco no supo de
fosforescencias platenses ni del encandilamiento santafesino pero igual es, seguirá
siendo el cielo de Acapulco aunque no te mire en él.




        Es que no tiene sentido el cielo sino estás
vos en este cielo de Acapulco donde todos nos doramos al sol tomados de la mano para que
nos una el sudor gordo de la vendimia que hacemos entre los dos cada vez que nos da la
gana.



       
Cerca de las diez las nubes sonaban como una broma de mal gusto. En el juego
que jugamos a huir de nosotros mismos nos tocó caer en un casillero que nos
ha obligado a decir siempre la verdad y a retroceder.



Entonces nos quedamos solos hasta la medianoche
o hasta que aclare todo lo que nos estamos debiendo.
 Llenos de elixir sobrevolamos el cielo de   
Acapulco.  Detrás de las cortinas, dentro del placard y en un copa más está el ritmo que
nos envenena y nos llena de verdad.




        Cuando despertamos todo tuvo un color distinto,
como más delicado y personal. Es que nos encantó hacernos daño, hundirnos dagas por la
espalda cuando el cielo se teñía de rojo sangre y la lluvia en Acapulco lo cubría todo.
Nos buscamos y encontramos para volver a perdernos más rápido de lo que sabemos
desencontrarnos para jugar siempre ese mismo juego que solíamos practicar en el cielo de
Acapulco. Solo cuando era noche y todos dormían bajo el cielo de Acapulco.




        Es que a nosotros nos encantaba el cielo. Pero
sobre todo, nuestro juego de Acapulco.

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Mis padres no solían pegarme; lo hicieron sólo una vez: empezaron en Febrero de 1940 y terminaron en Mayo del 43. (Días de radio - Woody Allen)
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